Cómo preparar un discurso eficaz

A la hora de hablar en público hay que tener presente una serie de pautas que nos ayuden para que nuestras intervenciones sean un éxito.

A la hora de hablar en público hay que tener presente una serie de pautas que nos ayuden para que nuestras intervenciones sean un éxito.

Para preparar un discurso que tengamos que pronunciar ante un público se pueden seguir una serie de pautas que nos pueden ayudar, sobre todo, cuando no se tiene mucha experiencia.

    1º. Definir un título que identifique claramente la idea que pretendemos transmitir y que sea lo suficientemente llamativo para que la gente quede enganchada desde el primer momento y despierte su interés por escucharnos. Es lo principal para, a partir de este título, poder preparar nuestro discurso.

    2º. En un folio, apuntar el título que hemos definido y, a continuación, todas las ideas que se nos ocurran que creemos que son importantes transmitir. Sería como una especie de tormenta de ideas. Hay que anotar cualquier idea que se nos ocurra referente al tema que queremos tratar, sin analizarlo demasiado ni darle ningún tipo de coherencia.

    3º. En base a todas esas ideas que hemos anotado en el folio, confeccionar un esquema que tenga coherencia y sentido en la línea de lo que pretendemos transmitir. En esa fase, también es importante incluir historias, anécdotas, datos relevantes o cualquier cosa que consideremos que puede llamar la atención del público, pues es una forma de darle a nuestro discurso un carácter más atractivo.

    4º. Una vez definido el esquema y sirviéndonos de guía, decir todo lo que se nos ocurra sobre lo que queremos transmitir hasta dar con la clave del argumento. Luego, ensayarlo varias veces para perfeccionarlo y memorizarlo y hasta, incluso, pensar en la conveniencia de añadir algún punto más al esquema. En este paso, hemos de tener claro ya lo que vamos a decir, aunque sea con el papel delante.

    5º. Ensayar nuestro discurso varias veces sin el esquema delante, de manera que memoricemos nuestro discurso correctamente, siguiendo las pautas que nos hemos preparado con el esquema previo.

    6º. Cuando ya lo hemos ensayado varias veces y conocernos de memoria todo lo que queremos decir, sería conveniente grabarnos mediante una cámara. Después, visionar la grabación y fijarnos bien en nuestros gestos, miradas, poses, tics que podamos tener, la voz que utilizamos, dónde le damos más énfasis a nuestro discurso y dónde le deberíamos dar más o menos. Se trata de fijarnos bien en nuestro lenguaje no verbal y adaptarlo a la idea que pretendemos transmitir con el contenido de nuestro mensaje oral. Para lograrlo hay que conocer muy bien el lenguaje no verbal y saber cómo mejorarlo y adaptarlo, ensayando una y otra vez hasta lograr lo que realmente queremos, grabándonos con la cámara y practicando.

    7º. Para preparar bien un discurso y que sea un éxito la intervención, también se han de realizar una serie de ejercicios de relajación muscular para que en ese momento estemos tranquilos y nuestra voz surja de forma correcta. Se trata de relajar el cuerpo, sobre todo, los hombros y buscar una postura en la que nos encontremos cómodos. También hay que ejercitar los músculos maxilofaciales para pronunciar y articular adecuadamente cada sonido, de manera que mejoremos nuestra dicción y hablemos correctamente. Al mismo tiempo, se han de realizar ejercicios de respiración para fortalecer nuestro diafragma y que, a la hora de hablar, el aire circule de forma natural, pues así nuestra voz será más limpia, clara y entendible para todos. Son prácticas a realizar para que nuestro lenguaje no verbal y nuestra voz sean naturales y no forzados.

Si se tienen en cuenta todas estas pautas, es más probable que nuestras intervenciones ante un público resulten eficaces y exitosas, pues es más fácil dotarlas de coherencia y sentido. Al mismo tiempo, el hecho de haber desarrollado un trabajo previo de preparación nos aporta una mayor tranquilidad y seguridad a la hora de intervenir, lo que nos permite transmitir mejor las ideas que realmente nos interesan, sin despistes ni improvisaciones, al igual que también nos permite poder fijarnos en el lenguaje no verbal de nuestros interlocutores, que siempre nos puede ofrecer información adicional de lo que están pensando, muy útil para que, en caso de que sea necesario, redirigir el discurso para que sea más atractivo o incluir alguna anécdota o dato llamativo que les despierte mayor interés y les enganche a seguir atendiendo.

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